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La sentencia a seis miembros de los Testigos de Jehová en Rusia ha provocado la preocupación explícita del Departamento de Estado de EEUU. El caso reavivó la polémica en la opinión pública rusa, donde varias filiales pertenecientes a los Testigos de Jehová han sido prohibidas por promover ideología extremista, pero no la propia corriente cristiana.

“Estamos profundamente preocupados por la decisión de condenar a seis testigos de Jehová en Sarátov por haber realizado prácticas religiosas pacíficas. Urgimos a que Rusia respete los derechos de sus ciudadanos y su libertad de culto y deje de acusar erróneamente de extremismo a los miembros de esta organización”, escribió en su cuenta de Twitter la portavoz del departamento, Morgan Ortagus.

El 20 de septiembre un tribunal de la ciudad rusa de Sarátov declaró culpables a los seis miembros de los Testigos Jehová por haber formado un grupo que promovía ideología extremista, un crimen que corresponde a la parte 2 del artículo de 282.1 del Código Penal de Rusia.

En el 2017, el Tribunal Supremo acusó de extremismo al Consejo Directivo de los Testigos de Jehová en Rusia y prohibió su labor en el territorio del país. El fallo causó mucha polémica ya que para muchos no quedaba claro si se condenaba la organización o la ideología que promovía. Incluso el presidente ruso, Vladímir Putin, tuvo que pronunciarse al respecto en una ocasión, declarando que “los Testigos de Jehová también son cristianos” y que no veía “causa por la que esta confesión podría ser perseguida”.

Las recientes declaraciones de Ortagus enseguida reavivaron la antigua polémica. Varias personalidades y organizaciones mostraron su rechazo a la decisión del juzgado.

El presidente del Consejo por los Derechos Civiles ante el presidente de Rusia, Andréi Bábushkin, anunció que unos 10.000 adeptos —mayoritariamente personas con enseñanza superior y buena calificación profesional— han abandonado Rusia por temer ser objeto de persecuciones por motivos religiosos. Amnistía Internacional se manifestó en contra del reconocimiento de los Testigos de Jehová como organización extremista.

“Consideramos que la persecución de los adeptos de esta corriente religiosa se realiza por motivos religiosos, algo que convierte a todos los condenados automáticamente en presos de conciencia”, declaró Alexandr Artémiev, secretario de prensa del ente, citado por medios rusos. 

En el lado opuesto de la polémica se sitúan las autoridades de seguridad y sanitarias. El general mayor de la policía rusa, Oleg Ilinij, opina que los miembros de la organización prohibida —el Consejo Directivo de los Testigos de Jehová— continúan realizando sus actividades de una manera clandestina, infligiendo daño físico y psicológico a los ciudadanos rusos.

“Los adeptos de los Testigos de Jehová abandonan frecuentemente a sus familias y entregan sus propiedades y ahorros a la secta, rompen sus lazos sociales y son más propensos a cometer graves crímenes”, concluyó.

Esta no es la primera vez que EEUU interfiere en la situación con los Testigos de Jehová en Rusia. A comienzos de septiembre el Departamento de Estado anunció que imponía sanciones a dos altos funcionarios del Comité de Investigación de la ciudad rusa de Surgut, Vladímir Yermoláyev y Stepán Tkach, acusándolos de corrupción y violaciones a los derechos humanos tras el caso de los Testigos de Jehová.

El presidente del Comité para Asuntos Exteriores de la Duma rusa (Cámara Baja), Leonid Slutski, declaró que tras imponer sanciones Washington interfiere en “los asuntos de Estados soberanos” con el objetivo de resolver sus tareas geopolíticas.

Retomado de RIA Novosti Sputnik